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Templos, atardeceres mágicos y cuevas sagradas en Luang Prabang, la joya colonial de Laos
Un dicho popular asegura que los camboyanos plantan arroz, los vietnamitas lo recogen y los laosianos lo escuchan crecer, en referencia al estilo de vida de este pequeño país del sudeste asiático sin salida al mar. Laos es el último reducto de la inocencia. Un país sin estrés, profundamente budista, donde las prisas o la ostentación están mal vistas. Incluso en su ciudad más cosmopolita y turística: Luang Prabang.
Situada al norte del país, capital de la provincia homónima y con unos 77.000 habitantes, Luang Prabang es la capital cultural y religiosa de Laos. Una ciudad colonial entre montañas selváticas donde 60 años de colonización francesa dejaron un centro histórico de calles cuadriculadas y casitas de madera de teca en el que se mezcla la arquitectura tradicional laosiana y la influencia europea para crear un escenario digno de una novela de Marguerite Duras o de Graham Greene. Si se une esto a los cerca de 40 templos diseminados por toda la ciudad, llenos de estupas, tejados inclinados y ricos paneles de oro —muchos de ellos supervivientes del saqueo y destrucción que llevaron a cabo piratas chinos hace más de un siglo—, queda un destino que ni pintado que reúne casi todas las excelencias que un viajero busca en el sudeste asiático.
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